Vaticano, 30 de marzo de 2008
(ACI Prensa) - El Papa
Benedicto XVI recordó a su predecesor, el Papa Juan Pablo II como un Apóstol
de la Divina Misericordia, y aseguró que “toda su misión estuvo marcada por
el servicio a la verdad de Dios y del hombre, y de la paz en el mundo”.
Desde el Palacio Apostólico de Castelgandolfo donde estuvo unos días de
descanso, el Papa presidió el rezo mariano del Regina Coeli que hoy coincide
con la fiesta de la Divina Misericordia, instaurada durante el Jubileo del
2000 por Juan Pablo II y coincidiendo con la canonización de Faustina
Kowalska, humilde religiosa polaca.
“La misericordia es en realidad el núcleo central del mensaje evangélico, es
el nombre mismo de Dios, el rostro con el cual Él se reveló en la antigua
Alianza y plenamente en Jesucristo, encarnación del Amor creador y
redentor”, indicó.
Benedicto XVI explicó que “este amor de misericordia ilumina también el
rostro de la Iglesia, y se manifiesta a través de los Sacramentos, en
particular en el de la Reconciliación, a través de las obras de caridad,
comunitarias e individuales”.
El Santo Padre aseguró que de la misericordia divina, que pacifica los
corazones, mana la auténtica paz en el mundo, la paz entre los pueblos,
culturas y religiones diferentes y “como Sor Faustina, Juan Pablo II se
convirtió a su vez, en apóstol de la Divina Misericordia. La noche del
inolvidable 2 de abril de 2005, cuando cerró los ojos a este mundo, era la
vigilia del segundo Domingo de Pascua, y muchos se dieron cuenta de la
singular coincidencia, que unía en si, la dimensión mariana –el primer
sábado del mes- y la de la Divina Misericordia”.
Según el Pontífice, fue en esta fecha que el largo pontificado de Juan Pablo
II tuvo su núcleo central. “Contemplar constantemente ese Rostro; ésta es la
herencia que él nos dejó, y que nosotros con gozo acogemos y hacemos
nuestra”, indicó.
También recordó que en los próximos días, precisamente sobre la Divina
Misericordia, se celebra el primer Congreso Apostólico Mundial sobre este
tema en Roma. La Santa Misa con la que inicia este encuentro será presidida
por el Papa. “Pongamos el Congreso bajo la celeste protección de María
Santísima Mater Misericordiae. A Ella confiamos la gran causa de la paz en
el mundo, para que la misericordia de Dios cumpla lo que es imposible para
la fuerza humana, e infunda en los corazones el valor del diálogo y de la
reconciliación”.
Tras el rezo mariano, saludó a los peregrinos en habla hispana. “Queridos
hermanos: En este domingo dedicado a la Divina Misericordia, agradezcamos a
Dios Padre el amor que nos ha manifestado en la muerte y resurrección de su
propio Hijo, y pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que
sepamos reconocer en Cristo resucitado la fuente de la esperanza y de la
alegría verdadera. Feliz domingo”.