Vaticano, 1 de junio de 2008 (ACI)
- El Papa Benedicto XVI dedicó la meditación del Ángelus dominical a
la celebración del Sagrado Corazón de Jesús que tradicionalmente marca todo
el mes de junio, y recordó que cuando se detiene en silencio, con os
sentidos de la fe, el hombre puede percibir “la presencia de Cristo, corazón
del mundo”.
Ante unos 40 mil fieles que llegaron a la Plaza de San Pedro para acompañar
el rezo de la oración mariana, el Papa explicó que el Corazón de Cristo es
un “símbolo de la fe cristiana, particularmente amado tanto por el pueblo
como por los místicos y los teólogos, pues expresa de una manera sencilla y
auténtica la buena noticia del amor, resumiendo en sí el misterio de la
encarnación y de la Redención”.
El Santo Padre señaló que la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, es la
“tercera y última de las fiestas que han seguido al Tiempo Pascual, tras la
Santísima Trinidad y el Corpus Christi”.
“Esta sucesión hace pensar en un movimiento hacia el centro: un movimiento
del espíritu guiado por Dios mismo. Desde el horizonte infinito de su amor,
Dios ha querido ingresar en los límites de la historia y la condición
humana, ha tomado un cuerpo y un corazón, para que podamos contemplar y
encontrar el infinito en el finito”, agregó.
El Papa aseguró que “toda persona necesita un centro para su propia vida, un
manantial de verdad y de bondad al que recurrir ante la sucesión de las
diferentes situaciones y en el cansancio de la vida cotidiana”.
“Cada uno de nosotros, cuando se detiene en silencio, necesita sentir no
sólo el palpitar de su corazón, sino, de manera más profunda, el palpitar de
una presencia confiable, que se puede percibir con los sentidos de la fe y
que, sin embargo, es mucho más real: la presencia de Cristo, corazón del
mundo”, señaló.
Benedicto XVI invitó a los fieles a “renovar en el mes de junio su propia
devoción al Corazón de Cristo, valorando también la tradicional oración de
ofrecimiento del día y teniendo presentes las intenciones que propongo a
toda la Iglesia”.
Asimismo, explicó que “junto al Sagrado Corazón de Jesús, la liturgia nos
invita a venerar el Corazón Inmaculado de María” a quien se pidió
encomendarse “con gran confianza”.
Finalmente, invocó “la materna intercesión de la Virgen para las poblaciones
de China y Myanmar golpeadas por calamidades naturales y para todos aquellos
que atraviesan situaciones de dolor, de enfermedades y de miseria material y
espiritual que marcan el camino de la humanidad”.
Según datos oficiales, el número de víctimas mortales causadas por el
terremoto registrado en el suroeste del país el 12 de mayo asciende a 69
mil y los desaparecidos suman más de 18 mil.
El ciclón que azotó Myanmar causó más de 134 mil muertos y desaparecidos y
2,5 millones de damnificados.
Como es habitual, al final del Ángelus, el Papa saludó a los miles de
presentes en diferentes idiomas, entre ellos español. Tuvo palabras de
afectos para los fieles de la Parroquia de San Andrés Apóstol, de Moral de
Calatrava (España), e invitó a los hispanohablantes a “escuchar la Palabra
de Dios, a acogerla en vuestro corazón con docilidad y a llevarla a la
práctica con diligencia”.