Nueva York, 20
de abril de 2008 (ACI Prensa)
- Ante unos 60 mil católicos reunidos en el Estadio de los Yankees
para la última Misa del Papa Benedicto XVI en tierra estadounidense, el
Pontífice hizo un llamado a “enriquecer la sociedad y la cultura americanas
con la belleza y la verdad del Evangelio, sin perder jamás de vista esa gran
esperanza que da sentido y valor a todas las otras esperanzas que inspiran
nuestra vida”.
El Papa exlicó que “rezar con fervor por la venida del Reino significa estar
constantemente atentos a los signos de su presencia, trabajando para que
crezca en cada sector de la sociedad. Esto quiere decir afrontar los
desafíos del presente y del futuro confiados en la victoria de Cristo y
comprometiéndose en extender su Reino. Significa superar toda separación
entre fe y vida, oponiéndose a los falsos evangelios de libertad y
felicidad. Quiere decir, además, rechazar la falsa dicotomía entre la fe y
la vida política”.
“Autoridad… obediencia. Siendo francos, estas palabras no se pronuncian hoy
fácilmente. Palabras como éstas representan ‘una piedra de tropiezo’ para
muchos de nuestros contemporáneos, especialmente en una sociedad que
justamente da mucho valor a la libertad personal. Y, sin embargo, a la luz
de nuestra fe en Cristo, ‘el camino, la verdad y la vida’, alcanzamos a ver
el sentido más pleno, el valor e incluso la belleza de tales palabras”,
indicó.
En este sentido, señaló que “el Evangelio nos enseña que la auténtica
libertad, la libertad de los hijos de Dios, se encuentra sólo en la renuncia
al propio yo, que es parte del misterio del amor. Sólo perdiendo la propia
vida, como nos dice el Señor, nos encontramos realmente a nosotros mismos”.
“La verdadera libertad florece cuando nos alejamos del yugo del pecado, que
nubla nuestra percepción y debilita nuestra determinación, y ve la fuente de
nuestra felicidad definitiva en Él, que es amor infinito, libertad infinita,
vida sin fin”, agregó.
El Papa pidió a los católicos encontrar “la audacia de proclamar a Cristo,
‘el mismo ayer, hoy y siempre’, y las verdades inmutables que se fundamentan
en Él: son verdades que nos hacen libres. Se trata de las únicas verdades
que pueden garantizar el respeto de la dignidad y de los derechos de todo
hombre, mujer y niño en nuestro mundo, incluidos los más indefensos de todos
los seres humanos, como los niños que están aún en el seno materno”.
“Actúen de modo que su fe y su amor den fruto ayudando a los pobres, a los
necesitados y a los sin voz. Muchachos y muchachas de América, les reitero:
abran los corazones a la llamada de Dios para seguirlo en el sacerdocio y en
la vida religiosa. ¿Puede haber un signo de amor más grande que seguir las
huellas de Cristo, que no dudó en dar la vida por sus amigos?”, cueestionó.
Hablando en español, el Santo Padre recordó que “la Palabra de Cristo no
elimina nuestras aspiraciones a una vida plena y libre, sino que nos
descubre nuestra verdadera dignidad de hijos de Dios y nos alienta a luchar
contra todo aquello que nos esclaviza, empezando por nuestro propio egoísmo
y caprichos. Al mismo tiempo, nos anima a manifestar nuestra fe a través de
nuestra vida de caridad y a hacer que nuestras comunidades eclesiales sean
cada día más acogedoras y fraternas”.
“Sobre todo a los jóvenes les confío asumir el gran reto que entraña creer
en Cristo y lograr que esa fe se manifieste en una cercanía efectiva hacia
los pobres. También en una respuesta generosa a las llamadas que Él sigue
formulando para dejarlo todo y emprender una vida de total consagración a
Dios y a la Iglesia, en la vida sacerdotal o religiosa”, indicó.
“Queridos hermanos y hermanas, les invito a mirar el futuro con esperanza,
permitiendo que Jesús entre en sus vidas. Solamente Él es el camino que
conduce a la felicidad que no acaba, la verdad que satisface las más nobles
expectativas humanas y la vida colmada de gozo para bien de la Iglesia y el
mundo. Que Dios les bendiga”, concluyó.