Vaticano, 28 de junio de 2008
(ACI Prensa) - Al inaugurar
hoy el Año Paulino en las Vísperas de la Solemnidad de San Pedro y San
Pablo, el Papa Benedicto XVI destacó que el Apóstol es Maestro de Fe y
Verdad de las gentes de hoy; y que su labor evangelizadora estuvo centrada
en el amor a Cristo y la verdadera libertad que se presentan ejemplares para
todas las generaciones.
Al iniciar su discurso en la Basílica de San Pablo de Extramuros, el Santo
Padre recuerda al gran Apóstol, como " 'Maestro de las gentes': estas
palabras se abren al futuro, hacia todos los pueblos y generaciones. Pablo
no es para nosotros una figura del pasado, que recordamos con veneración. Es
también nuestro maestro, apóstol y heraldo de Jesucristo también para
nosotros".
Luego de explicar que este Año Paulino debe servir para escuchar y aprender
de San Pablo, "'la fe y la verdad', en las que están enraizadas las razones
de la unidad entre los discípulos de Cristo", el Papa destacó que ha querido
"prender, para este bimilenario del nacimiento del Apóstol, una especial
'Flama Paulina', que permanecerá encendida durante todo el año en un brasero
especial colocado en el cuadripórtico de la Basílica".
"En la Carta a los Gálatas", San Pablo "nos ha dado una profesión de fe muy
personal, en la que abre su corazón a los lectores de todos los tiempos y
revela la más íntima primavera de su vida. 'Vivo en la fe del Hijo de Dios,
que me ha amado y se ha dado a sí mismo por mí'. Todo lo que Pablo hace,
parte de este centro. Su fe es la experiencia del ser amado por Jesucristo
en modo personal, es la conciencia del hecho que Cristo ha afrontado la
muerte no por alguna cosa anónima, sino por amor a él –de Pablo– y que, como
Resucitado, lo ama siempre, por lo que se ha donado por él. Su fue está en
haber sido remecido por el amor de Jesucristo, un amor que lo lleva hasta lo
íntimo y lo transforma", explicó el Pontífice.
"Su fe no es una teoría, una opinión sobre Dios y el mundo. Su fe es el
impacto del amor de Dios en su corazón. Y así esta misma fe y amor por
Jesucristo", precisó.
Tras señalar que la verdad era para el Apóstol "demasiado grande para estar
dispuesto a sacrificarla en vista de un éxito externo" y que ésta "que había
experimentado en el encuentro con el Resucitado bien merecía para él la
lucha, la persecución, el sufrimiento", Benedicto XVI destacó que "lo que lo
motivaba en lo más profundo era ser amado por Jesucristo y el deseo de
transmitir a otros este amor".
"Pablo era capaz de amar, y toda su obra y sufrimiento se explica solo a
partir de este centro. Los conceptos fundantes de su anuncio se comprenden
únicamente en base a ello. Tomamos entonces una de sus palabras clave: la
libertad. La experiencia de ser amado hasta lo profundo por Cristo le había
abierto los ojos a la verdad y la existencia humana, pues esta experiencia
abrazaba todo. Pablo era libre como hombre amado por Dios que, en virtud de
Dios, estaba en capacidad de amar junto con Él. Este amor es entonces la
'ley' de su vida así como lo es la libertad en su vida. Él habla y actúa
movido por la responsabilidad del amor. Libertad y responsabilidad están
aquí unidas de modo indivisible. Porque está en la responsabilidad del amor,
él que es libre, porque es alguien que ama, él vive totalmente en la
responsabilidad de este amor y no toma la libertad como pretexto para ser
arbitrario o para el egoísmo".
"En el mismo espíritu (San) Agustín ha formulado la frase famosa: Dilige et
quod vis fac (Ama y haz lo que quieras). Quien ama a Cristo como lo ha amado
Pablo, puede verdaderamente hacer lo que quiere, porque su amor está unido a
la voluntad de Cristo y así a la voluntad de Dios, porque su voluntad está
anclada en la verdad y porque su voluntad no es más simplemente voluntad
suya, arbitrariedad del yo autónomo, sino que está integrada en la libertad
de Dios y de ella recibe el camino por recorrer", añadió.
El Papa también explica luego que San Pablo es ejemplo de cómo "no hay amor
sin sufrimiento, sin el sufrimiento de la renuncia a sí mismo, de la
transformación y purificación del yo para la verdadera libertad. Allí donde
no hay nada que valga la pena para sufrir, también la vida misma pierde su
valor".
Finalmente, Benedicto XVI dijo que "a la luz de todas las cartas de San
Pablo, vemos como en su camino de maestro de las gentes se ha cumplido la
profecía de Ananías en la hora de la llamada: 'Yo les mostraré cuánto deberá
sufrir por mi nombre'. Su sufrimiento lo hace creíble como maestro de
verdad, que no busca el propio orgullo, la propia gloria, la veneración
personal, pero se esfuerza por Quien los ha amado y se ha dado a sí mismo
por todos nosotros".
"En esta hora agradecemos al Señor, porque ha llamado a Pablo, haciéndolo
luz de las gentes y maestro de todos nosotros, y le rezamos: Danos también
hoy testimonios de la resurrección, tocados por tu amor y capaces de llevar
la luz del Evangelio en nuestro tiempo. ¡San Pablo, ruega por nosotros!
Amén".