Vaticano, 18 de abril de 2008
(ACI Prensa) - El Prefecto de
la Congregación para el Clero, Cardenal Claudio Hummes, y el Secretario de
este Dicasterio, Arzobispo Mauro Piacenza, dieron a conocer una carta en la
que destacan que los sacerdotes deben entregarse a la oración, viviendo con
radicalidad su vocación y centrando su vida en la Eucaristía.
La misiva, publicada el fin de semana por L'Osservatore Romano, ha sido
escrita en ocasión de la Jornada Mundial por la Santificación de los
sacerdotes, que se celebra el 30 de mayo, Solemnidad del Sagrado Corazón de
Jesús.
Tras destacar la "prioridad de la oración respecto a la acción, en cuanto de
la primera depende la incesante actividad", el Cardenal Hummes explica que
"de la relación personal de cada uno con el Señor Jesús depende grandemente
la misión de la Iglesia".
"La misión, entonces, debe ser nutrida por la oración. 'Ha llegado el
momento de reafirmar la importancia de la oración frente al activismo y al
secularismo' (Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 37). No nos estanquemos de
buscar su misericordia, de dejarlo mirar y curar las heridas dolorosas de
nuestro pecado y asombrémonos frente al milagro, siempre nuevo, de nuestra
humanidad redimida", prosigue el Cardenal.
Tras alentar a que los sacerdotes sean "expertos de la misericordia de Dios
en nosotros, para que así, seamos instrumentos en el abrazo, de modo siempre
novedoso, de la humanidad herida", el Purpurado subrayó que "somos, en fin,
presbíteros por el acto más alto de la misericordia de Dios y la
contemplación de su predilección: el sacramento del Orden".
Seguidamente, señaló que "la dimensión más auténtica de nuestro sacerdocio
es la mendicidad, la oración simple y continua, que se aprende en la oración
silenciosa que siempre ha caracterizado la vida de los santos y es
solicitada insistentemente".
El Prefecto de la Congregación para el Clero remarcó luego que "la única
medida adecuada, frente a nuestra santa vocación, es la radicalidad. Esta
total dedicación, en la conciencia de nuestra infidelidad, puede aparecer
solo como una renovada y orante decisión que, luego, Cristo realiza día a
día".
Tras reconocer que "el mismo don del celibato sacerdotal viene de acoger y
vivir en esta dimensión de radicalidad y plena configuración a Cristo", el
Cardenal Hummes advirtió enérgicamente que "cualquier otra posición,
respecto a la realidad de la relación con Él, corre el riesgo de convertirse
en ideología".
"Seamos fieles, queridísimos hermanos, a la celebración cotidiana de la
Santísima Eucaristía, no para cumplir un esfuerzo pastoral o una enseñanza
de la comunidad confiada a nosotros, sino por la absoluta necesidad personal
que advertimos en nosotros, como la respiración, como la luz para nuestra
vida, como la única razón adecuada para una existencia presbiteral
adecuada", alentó.
Al poner de relieve la necesidad de los sacerdotes de la adoración
eucarística cotidiana, el Prefecto aseguró que "como la misionariedad es
intrínseca a la naturaleza misma de la Iglesia, del mismo modo nuestra
misión está inscrita en la identidad sacerdotal, por la que la urgencia
misionera es una cuestión de conciencia de nosotros mismos".
"Fundamente imprescindible de la entera vida sacerdotal es la Santa Madre de
Dios. La relación con ella no puede resolverse en una pía práctica
devocional sino que está nutrida por el continuo confiar, entre los brazos
de la siempre Virgen, de toda nuestra vida, de nuestro ministerio en su
totalidad", dijo.
"Nos confiamos a la intercesión de la Virgen Santa Reina de los Apóstoles,
Madre dulcísimo, miramos con ella a Cristo, en la continua tensión de ser
totalmente, radicalmente suyos. ¡Esta es nuestra identidad!", continuó.
"El Señor nos guíe y proteja a todos y cada uno, de manera especial a los
enfermos y sufrientes, en la constante ofrenda de nuestra vida por amor",
finalizó el Cardenal.